Finalizar una terapia

 

En nuestra tarea habitual como psicoterapeuta, revisamos todos los planteamientos que nos ayudan a entender a las personas con las que trabajamos para que alcancen su deseado bienestar.

Sumergiéndome en el concepto de guión de vida, qué es, cómo se forma y cómo afecta a las personas que vienen a consulta para hacer terapia, leí a Jose Luis Martorell (a quién también tuve el gusto ver en uno de sus seminarios).

Lo que más me sorprendió fue leer su conclusión sobre qué le ocurre a las personas que superan (o están en ello) un guión de vida, es decir, qué sucede cuando una persona termina su terapia. Me parece una síntesis muy acertada de lo que ocurre.

Creo que esta visión puede ayudaros a aquellos que estáis dudando si hacer terapia sirve, a aquellos que la inician esperando encontrar el paraíso de una felicidad embriagadora, y a aquellos que entienden que hacer terapia es “seguir los dictámenes de un psicólogo que cree saberlo todo”

Me permito, tras esta alusión, entonar el “mea culpa” y decir “que sólo sé que no sé nada”, ante la habitual vivencia, cuando algunas personas solicitan, al acudir por primera vez a mi consulta, aquello de  “doctora, ¿qué es lo que me pasa?,¿ qué es lo que tengo?”.  Es para mi un alivio imprescindible recordar que somos cada uno de nosotros los que realmente tenemos las respuestas a esa pregunta, y es nuestra labor  terapéutica ayudar a la persona a acceder a “lo sabido impensado”,  que lo puedan pensar, y decírselo a sí mismas. Como también señalaba Begoña Aznárez  “Que creamos no recordar no significa que no recordemos. Que no tengamos una historia que contar sobre nosotros mismos, sobre lo que nos ocurrió, no limita, ni mucho menos anula, las posibilidades de que aquello ocurriese.” Que creamos no saber la respuesta no quiere decir que no la sepamos, que no accedamos a nuestro guión de vida, no quiere decir que no tengamos uno, más o menos limitante.

Aquí os dejo este fragmento, como anunciaba más arriba. Espero que lo disfrutéis:

el-guion-tu-vida-miguel-benavent-b-L-hTDCrm

Cuando alguien comienza a vivir después de un guión, no entra en un estado de felicidad permanente –o mejor dicho, de obligación de estar feliz- […] la persona que abandona un guión comprueba que no se cumplen las expectativas catastróficas; expectativas que con mayor o menor intensidad duran todo el tiempo que la persona se toma ir estableciendo las bases de un nuevo modo de vivir. […]

Quizá no sea exagerado decir que más allá del guión se pasa de personaje a persona real.

Las personas reales tienen derecho a tomar decisiones autónomas, y por tanto se pueden equivocar. Peso se equivocan ellos, y pueden rectificar en lugar de sentirse obligados a seguir por un camino que ya demostró no ser bueno para ellos.

También tienen derecho a la intimidad, el más alto grado de relación entre personas en el que hay libre expresión de sentimientos, ideas, deseos y creencias, sin embargo, aceptar un ofrecimiento de relación íntima no es obligatorio y alguien puede rechazarlos. Pero el rechazo no les llevará al aislamiento, ni hará tambalearse su autoestima.

Las personas reales saben, o intuyen, que las caricias son un bien abundante, y que no hay que ser cicatero ni tacaño en darlas, pedirlas o aceptarlas. Las caricias proporcionan buenas sensaciones para vivir, y las personas reales son hábiles en obtenerlas.

El hecho de ser una persona real no le libera a uno de sufrimiento que producen las manifestaciones de la injusticia y la opresión; a veces es angustioso estar vivo, y las personas reales lo saben mejor que nadie. Tampoco se está libre del dolor por la pérdida de lo que a uno le es querido. Pero no provocarán, ni facilitarán, ni mantendrán, ni se regodearán en el sufrimiento y el dolor que les toque.

El ser una persona real no le hace uno más inteligente, pero sí más lúcido, y le concede el permiso para ser todo lo inteligente que su capacidad permita.

Después del guión una persona puede ser engañada –aunque con más dificultad que antes-, por un timador, por un idea, o por un líder, pero perderá la necesidad compulsiva de engañarse y ser engañado.

Después del guión, […]no se está solo sino con los demás. Es con los demás, cooperativamente, como podemosampliar la lista de personas reales, pues nuestra esperanza en vivir mejor no puede estar fundamentada en esperar que el mundo cambie a las personas, sino en que las personas cambien el mundo.”

El guión de vida. Jose Luis Martorell

Si queréis más información sobre procesos terapéuticos podeis contactar con nosotros.

M. Cruz Sánchez – Paulete Aragonés

Mensaje Enviado (volver)

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *