Las fobias y abordajes terapéuticos actuales

Cuando hablamos de fobias, hablamos de miedos.

Recordemos que el miedo, como emoción básica, nos ayuda, en esencia, a sobrevivir ante  las posibles amenazas del entorno en el que nos movemos. De ahí su valor adaptativo y el motivo por que sigue con nosotros.

Cuando ese miedo empieza a ser irracional,  no desaparece al comprobar lo inocuo del objeto temido, y sólo con pensar en ello, se desencadena toda una sintomatología física asociada al miedo ( taquicardia, sudoración….), es cuando empezamos a hablar de un problema para la persona, sobretodo si limita su vida cotidiana.

 

Las fobias llamadas simples o más complejas, como la agorafobia, la fobia social… han sido siempre objeto de estudio y abordaje de la psicología, y hay tantas casi como individuos, aunque hay algunas muy extendidas.

Su origen puede variar. Por eso, es importante que la persona, junto con su psicoterapeuta, indaguen la historia concreta de cada paciente /cliente. Averiguar si ha sido un suceso traumático directo con el objeto temido (por ejemplo, tener  accidente de tráfico y aparece un miedo exagerado y limitante a conducir), si es un «miedo prestado» de algún familiar cercano (por ejemplo, mamá tenía miedo a los perros y aprendo a tener miedo a lo perros), o si se trata de un desplazamiento como mecanismo básico de defensa (proceso por el que se sustituye el verdadero objeto temido por otro, pudiendo estar relacionado espacial o temporalmente; por ejemplo, una discusión grave de pareja, justo antes de coger un avión, puede desarrollar una fobia a volar, y la persona no ser consciente de que la emoción previa no está relacionada directamente con el avión, pero pasa a sustituirlo)

A partir de ahí establecemos los objetivos terapéuticos concretos en función de cada persona y elegimos el abordaje más acorde con la historia.

Me gusta recordar que en terapia nunca perdemos de vista, ni a la persona ni a su cerebro. Por eso hablamos de tratar a la persona que tiene una fobia, y no tratamos las fobias. Por eso trabajamos con neuroterapias y técnicas de integración cerebral, para ayudar superar el problema que presenta la persona.

La neuroterpia o neurofeedback ayuda a la persona a entrenar su cerebro y poder mejorar la eficacia de la autorregualción habitual del cerebro. Trabajando diferentes áreas cerebrales se consigue la calma emocional necesaria, junto con el aprendizaje de otras técnicas de gestión emocional como respiración profunda, relajación muscular progresiva de Jacobson, entrenamiento autógeno, mindfulness… Además ayuda a la persona en el procesamiento de la parte traumática asociada a la fobia. Recordemos que los primeros estudios que se empiezan a hacer con neurofeedback son con veteranos de guerra estadounidenses que presentaban estrés postraumático.

Por otro lado, las técnicas de integración cerebral, entre las que está EMDR, ayudan a procesar y desensibilizar las emociones asociadas al objeto fóbico, y permitir a la persona vivir sin ese miedo desbordante. Este es actualmente el abordaje terapéutico por excelencia cuando hablamos de trauma.

Cómo podemos apreciar, todos los enfoques que hemos planteado están basados en todos los avances actuales sobre neurociencia, todo lo que sabemos hasta ahora de cómo funciona el cerebro para ponerlo al servicio de cada una de las personas que consulta a nuestro equipo (ver «El cerebro en psicoterapia»)

Si quieres trabajar tus miedos y fobias, puedes ponerte en contacto con nosotros pinchando aquí.

Además os dejamos este vídeo en el colaboro en una mesa redonda sobre fobias, breve pincelada, aportando la visión más actualizada de la intervención psicológica más actualizada.

 

Niña Sandía

Queridos papá y mamá, ya sabéis que me gustan mucho los cuentos y las historias.

Aquí os dejo este breve relato, para que recordéis que a veces me gusta que me contéis como es el mundo; aprendo mucho y me hace sentir más segur@.

¿Lo leemos junt@s?

«Madre, cuéntame cómo es el mundo»– le dijo la sandía pequeña a su mamá grande-. Niña Sandía tenía un poquito de miedo a la vida, por eso siempre estaba acurrucadita junto a su madre.

Querida hija– dijo mamá sandía que era grande y redonda, hermosísima, con un color esmeralda resplandeciente y un lunar amarillo en la punta que parecía un sol-. El mundo tiene muchos colores: oscuros, claros, delicados, transparentes, chillones, fríos, cálidos…

¿Para qué sirven?– preguntó Niña Sandía con mucho interés.

Cada color tiene un fin – respondió la madre que se dispuso a explicarle el secreto de los colores-. Atiende y lo comprenderás: 

El rojo es el color de la sangre, de la vida. Nosotras lo tenemos por dentro y también muchos animales, incluso los humanos. 

      – El naranja es el color de la energía, de la creatividad. Lo tiene las naranjas, las mandarinas, las zanahorias…

      – El amarillo es el colores de la inteligencia , de las ideas. Es el color del sol, del limón….

     – El verde es el color del amor, de la sanación. Lo puedes encontrar en los árboles, en la hierba, en los campos…

     – el azul es el color de la tranquilidad y de la armonía. Lo puedes ver en el cielo, en el ancho mar…

     – El violeta es el color de la transformación y la espiritualidad. Lo puedes observar en el arco iris, y en los tibios atardeceres. 

     – El rosa es el color de la sabia entrega y de la ecuanimidad. Lo puedes contemplar en el despertar de las auroras, en las flores…

De este modo, mamá sandía fue explicándole a su hijita toda la hermosura que guardaban los colores y dónde podía mirarlos. Y terminó diciéndole algo muy importante que Niña Sandía jamás olvidaría durante su existencia frutal:

Hija, no tengas miedo de la vida. Mira el verde campo lleno de amapolas, el sol de los cielos, las estrellas que nos acompañan en la noche… y mira al campesino cómo nos cuida. Sí igual que él, nos cuida la vida. 

Recuerda que cada ser tiene su color, su propia belleza que lo hacen diferente; y por haber tantas cosas diferentes en el mundo, existe tanta belleza. Has visto cuántas cosas bonitas nos brinda la vida, abre tu corazón a la belleza y  nunca estarás sola. 

Niña Sandía se sitió tan feliz cuando escuchó a su madre, que le dijo entusiasmada:

– Mamaíta, mamaíta, ¿sabes una cosa? ¡Que te quiero mucho!

Después se dieron un gran abrazo de sandías.

Y nunca mejor dicho: colorín colorado, este cuento se ha acabado.

sandia psicometa

«Cuentos para delfines» Rosa Mª Badillo

Sueños Semilla

En el silencio de mi reflexión

percibo todo mi mundo interno

como si fuera una semilla,semilla-arbol-infinito_psicometa

de alguna manera pequeña e insignificante

pero también pletórica de posibilidades.

Y veo en sus entrañas

el germen de un árbol magnífico,

el árbol de mi propia vida

en proceso de desarrollo.

En su pequeñez, cada semilla contiene

el espíritu del árbol que será después.

Cada semilla sabe cómo transformarse en árbol,

cayendo en tierra fértil,

absorbiendo los jugos que la alimentan,

expandiendo las ramas y el follaje,

llenándose de flores y de frutos

para poder dar lo que tiene para dar.

Cada semilla sabe

cómo llegar a ser árbol.

Y tantas son las semillas

Como son los sueños secretos.

Dentro de nosotros, innumerables sueños

esperan el momento de germinar,

echar raíces y darse a luz,

morir como semillas….

Para convertirse en árboles.

Árboles magníficos y orgullosos

que a su vez nos digan, en su solidez

que oigamos nuestra voz interior;

que escuchemos

la sabiduría de nuestros sueños semilla.

Ellos, los sueños, indican el camino

con símbolos y señales de toda clase,

en cada hecho, en cada momento,

entre las cosas y entre las personas,

en los dolores y en los placeres,

en los triunfos y en los fracasos.

Lo soñado nos enseña, dormidos o despiertos,

A vernos,

A escucharnos,

A darnos cuenta.

Nos muestra el rumbo en presentimientos huidizos

o en relámpagos de lucidez cegadora.

Y así crecemos,

Nos desarrollamos,

Evolucionamos…

Y, un día, mientras transitamos

este eterno presente que llamamos vida,

las semillas de nuestros sueños

se transformarán en árboles,

y desplegarán sus ramas

que, como alas, gigantescas,

cruzarán el cielo,

uniendo en un solo trazo

nuestro pasado y nuestro futuro.

Nada hay que temer…

            Una sabiduría interior las acompaña….

                                   Porque cada semilla sabe

                                                           Cómo llegar a ser árbol.

Jorge Bucay. “Cuentos para pensar”